
"la risa abunda en la boca de los tontos", Recuerdo haberlo oído decir muchas veces en el colegio, mejor dicho, de la boca de la vieja de Religión.
En ese entonces, el que un profe te digiera eso no era cuestionable, no se tildaba de agresión sicológica ni nada por el estilo. No sé si era porque eramos muy chicos para darnos cuenta o porque aún no estaba de moda (sublebarse con los "tíos") pero nadie decía nada, es más tratábamos de no hablar y menos reír, para no ser tonteados, por la tía que enseñaba sobre el amor de Dios.
Pero que errada que estaba nuestra educadora, ella y todos los que usaban este eslogan para justificar su amargura. Disfrazandola de inteligencia.
¿No pensaron que ellos (profesores) además de enseñar, son un ejemplo a seguir?. Crearon en algunos la idea enferma de que reír era sinónimo de ignorancia y que esta acción era casi exclusiva para los "porros".
Me atrevería a decir que los que predican esto también crecieron bajo esta idea formando así el llamado "circulo vicioso de amargura" (recién creado por mí).
Según mi propia vivencia, lo que jamás he olvido es justamente lo que me ha hecho reír. mi cerebro retiene esos momentos (los mejores) y cuando tengo que aplicarlos vuelven a mi disco duro de forma muy fluida, como una cascada y seguro debe pasar así también con la gran mayoría de estudiantes.
tan sólo me queda decirle a la vieja de religión, que no es tonto el que se ríe, tonto es el que no se ríe por miedo a quedar como tonto.
jajaja!
reír alegra el espíritu, nos hace olvidar por un instante los problemas que podamos tener, nos pone lindos, nos estimula los abdominales y nos conecta con los demás.
No sea tonto, ría!




